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El tira y afloja del oro: De la especulación de la Fed a la megaminería en Zimbabue

El oro al contado anda de capa caída en los mercados globales. Por segunda semana consecutiva cerró a la baja, tropezando un 0.2% hasta estancarse en los $4,205.39 dólares por onza y acumulando un descalabro del 2.9% semanal. El culpable es el fantasma de siempre: la firme expectativa de tasas de interés más altas en Estados Unidos. Mientras tanto, los futuros del oro en EE. UU. lograron un rebote que se siente algo engañoso, subiendo un 2.7% para tocar los $4,226.10.

El mercado ya está haciendo sus apuestas y ajustando portafolios antes de la reunión de política monetaria de la Reserva Federal programada para el 16 y 17 de junio. Será la primera junta presidida por Kevin Warsh y, aunque la mayoría en Wall Street asume que van a dejar las tasas quietas por el momento, la presión de fondo no afloja.

El problema real es que la inflación está resultando ser bastante más necia de lo que los optimistas esperaban. Los datos de mayo soltaron un cubetazo de agua fría: los precios al productor en Estados Unidos se dispararon por encima de los pronósticos y la inflación al consumidor brincó la barrera del 4%. Peter Grant, vicepresidente y estratega senior de metales en Zaner Metals, lo lee con mucha claridad: “La inflación va a quedarse por un buen rato, incluso si los precios del petróleo ceden… ya nos sabemos este cuento y hay un grado bastante fuerte de escepticismo allá afuera”.

Hablando de crudo, los precios sufrieron un bajón de más del 2% tras filtrarse que Estados Unidos e Irán andan cocinando un memorando para frenar la guerra en el Golfo. Según fuentes diplomáticas occidentales, este acuerdo podría estampar su firma este mismo domingo, con Ginebra perfilándose como el escenario más probable. Este tipo de noticias le pegan directo al oro porque, desde que reventó el conflicto a finales de febrero, el metal se ha visto arrastrado por la especulación. Históricamente la gente compra oro para escudarse de la inflación, pero cuando esa inflación petrolera obliga a los bancos centrales a mantener las tasas de interés por las nubes, los grandes capitales prefieren activos que sí les generen rendimientos, dejando al oro en desventaja.

El CME FedWatch Tool no deja mentir: los traders ya le asignan un 58% de probabilidades a una nueva alza de tasas antes de llegar a diciembre. Y como si el mercado físico siguiera sus propias reglas, el sector del lujo anda en otra sintonía. Rolex acaba de subir el precio global de sus relojes de oro en un 5% promedio este mes. Es una movida rarísima, marcando su segundo aumento anual en mercados pesados como Estados Unidos, Reino Unido y Hong Kong. Por su parte, la plata spot bajó a $66.88 y el platino a $1,712.77, perfilándose ambos a pérdidas semanales, mientras que el paladio fue el único que sacó la casta, subiendo un 1.6% hasta los $1,285.03.

La apuesta de volumen: El caso de Zimbabue

Mientras los mercados financieros sudan la gota gorda con la inflación y los recortes, del otro lado del charco la estrategia operativa es simple: sacar más piedra. Zimbabue, a través de su minera estatal Mutapa Gold Resources, no parece inmutarse por esta volatilidad de corto plazo y ya echó a andar un plan bastante agresivo para duplicar su producción anual a 220,000 onzas de cara al 2029.

No es un movimiento menor si consideramos que vienen de un año fiscal con ciertos tropiezos. Para el cierre de marzo, Mutapa —que es la mayor productora de oro del país— reportó en sus documentos internos una caída del 10% en su extracción, logrando apenas 104,626 onzas. Básicamente se toparon con vetas de menor ley. Pero ya traen el billete para darle la vuelta a la situación: amarraron $75 millones de dólares con bancos locales. Esta lana cubre la mitad del presupuesto que necesitan para su proyecto a cielo abierto en Shamva Hill.

Esta expansión, que arranca en agosto a unos 100 kilómetros al noroeste de Harare, va a disparar la producción de esa mina específica de unas 24,000 onzas actuales a casi 80,000. Mutapa ya está arrastrando el lápiz y negociando con prestamistas extranjeros para fondear el resto del capital que les falta.

Para completar esta inyección de esteroides a su capacidad productiva, la empresa —que le pertenece al fondo soberano de Zimbabue— también meterá mano en la mina Jena a finales de 2026, planea eficientar su mina Freda Rebecca y busca empezar a integrar formalmente el material que sacan los pequeños mineros artesanales.

Todo este andamiaje cuadra a la perfección con la urgencia del gobierno por meter dólares al país. El oro es, por mucho, el principal salvavidas de divisas extranjeras de Zimbabue. Nada más en el primer trimestre de 2026, las exportaciones de este metal sumaron $1.19 mil millones de dólares, una auténtica brutalidad si se compara con los $579 millones del mismo periodo del año pasado. Si miramos el retrovisor hacia el 2025, el oro les metió $4.61 mil millones a la cartera, representando casi la mitad de los $9.7 mil millones de sus exportaciones totales.

Este año, la tirada nacional es producir 50 toneladas métricas de oro, superando el récord de 46.7 toneladas del año anterior. Al final del día, mientras Wall Street debate si el oro seguirá perdiendo brillo por culpa de la Fed, hay economías enteras que simplemente no pueden darse el lujo de apagar las máquinas.